Juan Rodríguez Servín, el filántropo que lo heredó todo a Rioverde

Juan Rodríguez Servín, el filántropo que lo heredó todo a Rioverde

La ciudad de Rioverde en San Luis Potosí, no puede entenderse sin instituciones como la Cruz Roja, el Asilo de Ancianos o el Centro de Orientación y Desarrollo Infantil (CODI), todos estos edificios y mas, tienen un común denominador, fueron donados por un solo hombre, quizá el ciudadano más filantrópico que ha tenido en su historia este lugar: Juan Rodríguez Servín.

Paradójicamente, ninguna institución a la que ayudó hace honor a su legado, hace década que se olvidó un homenaje, una flor, una mención o el recuerdo de su nacimiento o fallecimiento, son acontecimientos que el tiempo se ha comido de una forma voraz, muy parecida al comportamiento humano.

Don Juan es un hombre que labró su destino de riqueza con trabajo y perseverancia. Las crónicas lo recuerdan como un ciudadano que siempre –desde joven-, tuvo un alto interés por ayudar a los demás y muestra de ello fue el recurso de casi medio millón de pesos –tasado en los años 60’s-, que dejó tras su muerte en 1964 y que, hasta la fecha, más de 60 años después, miles de rioverdenses gozan como semilla que floreció en instituciones públicas.

El nombre de Juan Rodríguez vive en la memoria de aquellos que lo conocieron o quienes siguen su historia, pero se desvance con el paso de tiempo, un abandono a su historia de indiferencia cruel, pero también de duda por el destino del dinero y sus intereses.

Origen

Nació en el año 1879 en la fracción de El Refugio, Ciudad Fernández, en una vivienda en la intersección de las arterias Centenario y Porfirio Díaz, donde sus padres Gumersindo Rodríguez y Epifanía Servín administraban la tienda “La Última de Todas”, que después cambió su nombre a La Frontera.

Ahí también nacieron sus hermanos: Eliseo, Santiago y Francisca. Don Juan contrajo matrimonio con Ma. Concepción Ibarra el 6 de septiembre de 1905, y se mudaron a H. Potosinos No. 33 de Rioverde. En el censo de 1930 aparece como Juan C. Rodríguez, con domicilio en la antigua avenida Escontría, casado con Ma. Concepción G., de Rodríguez de 45 años.

Su inicio en los negocios

Juan Rodríguez Servín y Juan C. Rodríguez era la misma persona. La C significa Crisóstomo. Desde joven tuvo mucha iniciativa. Compró una carga de carreta de cacahuate, y así se inició en el comercio. En esa actividad se hizo rico, comprando y vendiendo.

Diariamente inspeccionaba sus huertas y su molino de piloncillo Casa Blanca situado frente a la tienda del ISSSTE, se trasladaba en un vogue y se cubría el sol con un sombrero tipo Panamá.

Entendía los trabajos con su administrador el capitán de peones. Acudía al Casino Rioverdense, del cual era socio capitalista, en el lugar que ahora ocupa la escuela Pedro Antonio de los Santos; después, en la esquina de Hidalgo y Dr. Gallardo, donde gustaba jugar dominó y ajedrez pero no apostaba.

 

 

Se convirtió en empresario de las nacientes y productivas empresas de la región

El 31 de julio de 1935, ya figuraba como socio capitalista de dicho club con la nominación “Rioverde Sociedad Particular”, el 25 de octubre de 1932, fue registrado como quinto vocal de la sociedad empresa de toros de Rioverde, S.A. de R.L.

Para 1936 fue integrante de la Junta de Mejoras Materiales del Ayuntamiento. En 1937 y 1942, era socio de Planta Eléctrica San Isidro. En 1940, uno de los exportadores de cítricos más importantes con su predio Casa Blanca, según el Directorio de Productores de Cítricos de la República Mexicana.

Fue prestamista con intereses muy módicos y siempre devolvía las prendas, despachaba en su chalet de barandal grueso y oxidado, con jardín y paredes de otros años como detenidos en el tiempo de la calle arbolada de Héroes Potosinos.

Su labor altruista

Apoyaba a los que menos tenían y ayudaba a los que acudían a él. Tuvo un medio hermano, una sobrina, a la que le heredó la casa, y una mujer que se disgustaba por el carácter filantrópico de su marido. Los pobres de la ciudad iban determinados días de la semana y las personas enfermas lo buscaban, a quienes discretamente ayudaba.

Heredó a la ciudad

Falleció el 28 Junio 1964, a los 85 años; pero antes dispuso por testamentaria privada legar a los pobres de la ciudad, la cantidad de $416,000.00 en créditos para que fueran cobrados y administrados por un patronato; para lo cual, nombró concejales: Galdino Martínez Rodríguez, Manuel Duque, Julián Gómez Palacio, y tesorero al señor Antonio Hermenegildo Hernández Guillén quien cobró tales créditos e invirtió su producto en la compra de inmuebles.

¿Qué inmuebles entregó al pueblo?

El 15 de julio de 1969 los señores Hernández entregaron los inmuebles a la beneficencia pública representada por el licenciado Humberto Arocha Cantú.

En calle Escandón del centro histórico, donde estuvo inicialmente el Centro de Orientación y Desarrollo Infantil, CODI.

En calle Gama y Jiménez, sede oficial de la Cruz Roja.

En privada de Centenario, donde se construyó el Asilo la Divina Providencia.

En el Barrio de los Ángeles, sede de la telesecundaria que lleva su nombre.

Un nuevo terreno en Bario de los Angeles anexo a la escuela primaria.

El predio Los Patoles y Pozo Blanco, frente a la base deBomberos de Ciudad Fernández. Dos predios rústicos en C. Fernández, integrados a los anteriores.

El predio en Héroe de Nacozari No. 128.

La duda del buen uso de su dinero y herencia

En el asilo la Divina Providencia, se develó una placa que refiere: “Terreno donado por el señor don Juan C. Rodríguez Servín Casa Hogar de la Divina Providencia”, fechado en enero de 1990.

Sobre el destino de su dinero, el historiador Juan José Alvarado Orozco, expresó: “Desde sus inicios, el legado del filántropo don Juan Rodríguez Servín se vio envuelto en controversias y señalamientos, producto de los malos manejos y la falta de transparencia de los primeros patronatos encargados de administrar sus bienes. Aunque en algún momento la situación pareció mejorar —particularmente cuando el entonces tesorero decidió entregar los inmuebles—, la opacidad regresó con mayor fuerza bajo la administración del siguiente patronato”.

Durante años, dicho patronato usufructuó los bienes sin rendir cuentas claras a la ciudadanía, actuando con total falta de transparencia y sin apegarse a los principios que deberían guiar el manejo de un legado destinado al beneficio público. A ello se sumó la indolencia manifiesta al no haber defendido legalmente el inmueble ubicado en Héroes de Nacozari, lo que implicó una omisión grave en el cumplimiento de sus obligaciones.

El historidador señala: “Fue únicamente gracias a la presión ciudadana —constante y decidida— que los inmuebles comenzaron finalmente a ser puestos al servicio de la comunidad, en concordancia con la voluntad original de don Juan Rodríguez Servín”.

Este episodio pone en evidencia la necesidad de establecer mecanismos de vigilancia social y legal que garanticen el respeto a los legados filantrópicos y eviten que intereses particulares se impongan sobre el bien común.

Un hombre excepcional borrado de la historia

Ninguna calle lleva su nombre, algun edificio de importancia o institución tampoco, el paso de los años parece que desvanecen el legado de un hombre que sin miramientos lo dio todo.

La historia de Juan Rodríguez no es del montón, se trata de un hombre cabal y humano, rico pero servicial, un hombre que contra todo decidió dejarlo todo a sus ciudadanos sin dudas, pero con gran confianza, algo que muchos traicionaron, pero que a pesar de todo trascendió generaciones y quedará marcado con tinta indeleble en la historia de Rioverde.

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